miércoles, 22 de mayo de 2013


Los que no se marchan

Camino por los bordes de su sonrisa
y en el desierto de caricias
tengo ensueños con sus labios; jugosa fruta.
-Me digo-solo la extraño por su “jardín de delicias”.
Mientras frente a mí sonríe la difunta.
No es algo que te incumba –
me responde- cuando pregunto por sus secretos navíos.
Los que navegan en mis aguas y en mis noches sin luna.
Ella prefiere estar aquí a marcharse a la laguna,
donde su cuerpo lleno de baba y mis caricias descansa.

¡Cómo extrañarte así! –digo-
y despido mis demonios
que en la habitación oscura danzan.
Ella se levanta y cual brisa me acaricia…a mí.
Yo la miro fija y la vuelvo a matar
con mi desesperar mudo que se convierte en lanza.
Ahora se exalta.
Ahora reclama.
Ahora me tira puñales por la espalda.
Ahora me ama.
Ahora se ríe.
Ahora se vuelve a matar por mi causa.
Ahora el silencio es nuestro lenguaje.
Y solo escuchamos al engranaje de mentiras que siempre trabaja.
Ahora me abraza y nos mentimos.
Que estamos vivos, que estamos juntos.
Pero difuntos seguimos en esta habitación…sin casa.