Los que no se marchan
Camino por los bordes de su
sonrisa
y en el desierto de
caricias
tengo ensueños con sus
labios; jugosa fruta.
-Me digo-solo la extraño
por su “jardín de delicias”.
Mientras frente a mí sonríe
la difunta.
No es algo que te incumba –
me responde- cuando
pregunto por sus secretos navíos.
Los que navegan en mis
aguas y en mis noches sin luna.
Ella prefiere estar aquí a
marcharse a la laguna,
donde su cuerpo lleno de
baba y mis caricias descansa.
¡Cómo extrañarte así!
–digo-
y despido mis demonios
que en la habitación oscura
danzan.
Ella se levanta y
cual brisa me acaricia…a mí.
Yo la miro fija y la
vuelvo a matar
con mi desesperar
mudo que se convierte en lanza.
Ahora se exalta.
Ahora reclama.
Ahora me tira puñales
por la espalda.
Ahora me ama.
Ahora se ríe.
Ahora se vuelve a
matar por mi causa.
Ahora el silencio es
nuestro lenguaje.
Y solo escuchamos al
engranaje de mentiras que siempre trabaja.
Ahora me abraza y nos
mentimos.
Que estamos vivos,
que estamos juntos.
Pero difuntos
seguimos en esta habitación…sin casa.
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