Érase la tarde de los vientos encontrados.
Los viejos muy cómodos miraban sus pantallas.
Y los vientos apagaban a los cuerpos de los niños,
y los chips, y los cariños, y las chispas en las camas.
Era tarde para el frío y era tarde para amarla.
En un lugar sin horizonte, ya no tiene sombra el alma.
Érase la tarde...
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