miércoles, 19 de agosto de 2015

Copulares

Nerviosismo. Sonrisa discreta.
Sonido de inquietud.
Complicidad. Gozo.
Cuerpos humeantes.
Seudónimos del ser,
se desconocen ,se conocen, se reconocen.
Acallando a su yo natural.

Compartir la médula,
los sesos, los palpitares.
Intercambiar plumas de las puntas de los dedos
Bajo los párpados, maletas de sueños.
Despedirnos así, es normal?

Miradas disimuladas,
acumuladas,
acomodadas,
sin moral ni almohada,
a piel desesperada.
Desenfadada rebelión a la voz bélica del dios hombre.

Luces que iluminan los Himalayas.
Su ombligo encegueciendo,
yo tocando sus senos,
acariciando sus nalgas;
espacios de incomodidad,
la fuga.
Alarido primal.

Piel erizada, cima vibrante,
grito silente que se libera entre la bruma,
tapando la boca y limpiando la espuma;
ola en la playa.
Nube húmeda.
Savia entre la tierra y el cielo.
Horizonte blanquecino,
espíritu policromo,
cuerpos aparentemente “congelados por el hielo”
hallados en el polo…

Labio titubeante.
Palabras al abismo.
Dedo en la boca.
Cuerpo-sismo, voz-huracán.
Ellos silencio. Rincón.
Vacío eterno.
Encuentro profetizado,
escrito en una flama del Sol.

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